sábado, 30 de septiembre de 2017

CRONICA BREVET 200 LAS VEGAS 23 SEPTIEMBRE 2017 - “Sucedió casi todo lo que no quería”

La verdad es que me ilusionaba mucho hacer una brevet en septiembre, pero según se acercaba la fecha no se alineaban los astros. Me explico.

Cuando vuelvo del viaje de Noruega inicio de nuevo la rutina de entrenamiento y  aunque me voy sintiendo mejor me doy cuenta que no evoluciono como antes del verano, fundamentalmente por el relax y el exceso ingesta que me vuelve a producir cierto sobrepeso.  No obstante yo intensifico los entrenamientos y veo con optimismo la realización de la brevet.




Para la puesta a punto de la bici encargo sobre el día 10 las cubiertas ya que tienen cerca de 14000 km, lo hago en una tienda de Coslada y me van dando largas diciendo que las tendría sin  problemas antes de la fecha pero el hecho es que el 20 me dicen que no las han conseguido y  cuando las pido en Wiggle pues me dan fecha posterior……

El 21 reviso engraso y miro presión de neumáticos… Todo bien no vi ninguna marca excesiva de desgaste y todavía eran visibles los testigos de las cubiertas  así que como mi mujer tenía que salir por la tarde con el coche  decidí  ir desde casa hasta el punto de salida que era unos 20 km.

Ya el 22 por la tarde empiezo a notar un poco de resfriado al que no hago mucho caso. Preparo un par de sanguis y me acuesto sobre las 11

Bueno, vamos al tema.

Me levanto a las 5.30 aunque llevaba despierto desde una hora antes. Preparo el desayuno veo temperatura exterior y a las 6.50 salgo de casa, conecto luces y me encuentro con mi vecino Isidro el charcutero con cara de sueño y asombro cuando le digo hacia donde voy. Comienzo con alegría e ilusión pero me duran 5 km. En la rotonda de Torres noto que la rueda trasera pierde aire, paro cerca de Loeches y como no lo pierde todo decido parar en la gasolinera de Loeches a darle presión al máximo con el adaptador que llevo y No funciona con lo que le  doy aire con la de mano. Miro la hora y eran las 7,10 y decido no cambiar y salir a todo gas y de pie hacia Arganda.  A las 7.35 hago mi inscripción y como tengo tiempo decido cambiar neumático ya que no me fio, Asi que ya llego un poco estresado y calentito y todavía no había empezado…. ( El video de Jose refleja cual era mi estado en ese momento).


Comenzamos Juan y yo la brevet en hora y vamos comentando si hacer el recorte de km por el deseo de Juan de estar sobre las 5 de vuelta. Decidimos hacer la ruta original ya que iba muy bien la via verde.

Al llegar a Morata se hace un grupo importante y nos llevan a todo trapo hasta el desvio de Carabaña. Cuando empieza la cuesta me quedo descolgado y empiezo a pensar que no ha sido buena idea salir desde casa. Yo siempre veía al grupo a lo lejos. Cuando faltaban unos tres km me encuentro con Benayas y hacemos un sprint hasta el control. Sello a las 9.50.

Cuando llego Juan ya estaba a punto de salir así que me comí un mini bocata, rellené agua y a las 10 salimos de nuevo Juan y yo, y se nos unen otros dos. A eso de las 11.30 me marca a mi el km 100 y al poco pinchazo de nuevo, justo en el cruce que va hacia Pastrana.




Empiezo a cambiar y los otros que iban con nosotros les digo que sigan y a Juan que me dice que no pero al poco aparece el resto del Pakefte, se paran a dar animo y otra cámara ya que no tenia mas, y Juan continua por delante. Termino y continuamos todos y les comento que yo no paro en Pastrana, y continuo solo en la subida, pero al poco me alcanza Rafa Cortegana y otros y vamos juntos hasta el segundo control de Fuentelencina. Llego a las 12,40 y de nuevo me encuentro a Juan que esta a punto de salir asi que relleno agua y salimos inmediatamente David  Juan y yo.

A las 13 llegamos a Moratilla y decidimos tomar algo. Solo había un bar y estaba a rebosar entre otros ciclistas y el resto del pueblo que se acercaron a ver el futbol porque jugaba el Atletico de Madrid. Pedimos pincho de tortilla y una clara con limón y mientras nos servían me quite toda la ropa de abrigo que llevaba ya que habíamos pasado de 9 a 33 grados en cinco horas.



Yo guardé toda mi ropa en una bolsa que siempre llevo en el maillot.  Comemos  y  a las 13.35 salimos hacia Renera.  Cuando llevábamos unos 4 km me doy cuenta que la bosa me le deje en el bar de Moratilla. Aviso a Juan de que doy la vuelta y mientras llego a por ella se me pasa por la cabeza la idea del abandono en Aranzueque. Llego al bar cerca de las 14 horas y allí  estaba la bolsa, así que inicio de nuevo hacia Renera.

Pero claro, no todo va a ser negativo. Veo que por delante va alguien sin calas y con transportin y me dije: pero si es Agus, y al poco aparecen Antonio Buje y Jose. A partir de aquí ya me olvide de dejarlo y el resto fue muy ameno, ya que pude entablar  conversaciones con todos que hizo muy llevadero el resto de la brevet. La búsqueda de la comida desde Ambite a Carabaña con el Inedito de comer en en la puerta del chino solo unió más y fue un rato muy divertido así como extravagante.




A las 16 partimos todos hacia Villarejo donde vuelvo a a hacer la goma y me quedo con Andrey. Una vez pasado Villarejo hice mi ultimo esfuerzo para reagruparme justo antes de llegar a Belmonte a las 17 horas. Ficho en el ultimo control en la farmacia y paso al bar a tomarme una cerveza sin alcohol y aviso a mi hija para que vaya a buscarme a Arganda, ya que no estaba dispuesto a hacer la vuelta a casa en bici.

Sobre las 17.15 reanudamos todos juntos ya hasta el final en amor y buena compañía llegando a las 18.50 al final de etapa. En fin, aunque el recorrido fue de 212 km a mi con la salida de casa mas el extra de mi bolsa en Moratilla  me salieron 241, pero muy feliz por acabarla. Eso si el nivel de cansancio era tanto que  a las 4 AM del domingo me levante a tomar notas para esta crónica, que a lo mejor me ha salido un poco extensa, pero es lo que me ha salido de dentro.

Saludos a Todos.

CONCLUSIONES

  • No vuelvo a hacer km extras antes de empezar una brevet
  • No confiare mas en los testigos de los neumáticos aunque se vean bien a simple vista
  • Si es posible cuando me quite ropa me la pondré detrás del culotte
  • Y por supuesto intentar por todos los medios hacer los menos km solo.
  • Gracias PAKEFTE. Sois únicos.

(Una crónica de Sebas Martín)

jueves, 7 de septiembre de 2017

Puerto Núñez, o el cicloturismo olvidado

Todos los cicloturistas profesan verdadera admiración por aquellos puertos míticos de los Pirineos o los Alpes -entre otros-, que suelen incluirse en las etapas de montaña de las grandes vueltas. Estos se convierten en lugares de peregrinación y culto para muchos aficionados al ciclismo, que tratan de emular las grandes gestas de sus héroes a lo largo de la historia.

Sin embargo, también existen "los otros", pequeños puertecitos sin interés, situados en carreteras olvidadas por las que nadie transita, aquellos que han ido sumergiéndose en las profundidades del olvido, de los que nadie recuerda ya ni sus nombres, como los que componen la clásica ruta "Seis Tetas de Guadalajara", que solo el Pakefte sigue encumbrando al olimpo de los recorridos míticos, realizando profusas crónicas y comentarios año tras año.




El Puerto Núñez.


No sabemos si es puerto pero parte de Perales de Tajuña y además forma parte de la antepenúltima y, posiblemente, la primera carretera de Madrid a Valencia; la penúltima es lo que se conoce como Nacional III y la última no sabemos cómo se llama pero sí sabemos que participa de la idea platónica de 'autopista' y simboliza el progreso de la raza humana, aunque hay quien dice, con razón o sin ella, que, las autopistas son los despojos de eso, de la raza humana. El puerto Núñez es sencillamente encantador, sube (siempre lo subimos) con su asfalto rugoso y antiguo, dura poco , unos tres kilómetros, con una fuente generosa en las mitades que hace de la parada un rito obligatorio y a ratos se empina y da esas revueltillas que hacen feliz a todo ciclista que es capaz de disfrutar de sus ascensos en esta vida; lo dicho, se disfruta y se dice por dentro “aquí hay que apretar y no entiendo por qué me gusta apretar a aquí” ...es como una especie de sentimiento grabado en los genes que recuerda antiguas sensaciones que perduran y provienen de nuestros antepasados más lejanos , los monos, o , incluso, de más allá, de los peces, o, incluso, de más allá, de la moléculas autoreplicantes, o, incluso, de más allá, de las nubes de hidrógeno condensándose, o, incluso, de más allá, del gran petardo, o, incluso, de más allá, del tiempo anterior a la existencia. Después, allí, se bebe agua. Algunos lo denominan La Gasca, por ser el nombre de la fuente que se encuentra a media subida.

(del glosario del Pakefte:
http://pakefte.blogspot.com.es/p/glosario-del-pakefte.html)









El Puerto Núñez es un camino que no lleva a ninguna parte. 

Nadie necesita subir al Puerto Núñez para llegar a ningún sitio, salvo aquellos lugareños que se acercan a sus fincas de olivos o los que quieren abastecerse de agua en la renombrada fuente La Gasca, que se encuentra hacia la mitad de la subida.

Escenario de grandes debates de la humanidad, como la decisión de continuar ruta hasta Campo Real o tomar el Metro de Arganda para volver a Madrid, el Puerto Núñez se constituye en auténtico superviviente del cicloturismo clásico. Un lugar sagrado, que ni siquiera el mismísimo Guilla se ha atrevido a profanar con sus ataques.


¡¡Sí, amigos, existe un lugar donde el auténtico cicloturismo pervive, y ese lugar está en Perales de Tajuña!!


viernes, 25 de agosto de 2017

ANOTHER DAY OF MADNESS - La Londres-Edimburgo-Londres 2017 (Por Juan Merallo)



El equipo del Pakefte
La LEL consiste en hacer aproximadamente 1.450 kilómetros en bicicleta en menos de 116 horas, saliendo de Loughton (cerca de Londres), yendo hasta Edimburgo (en Escocia), y volviendo de nuevo a Loughton. Unos 300 kilómetros de media por día, lo que deja unas muy limitadas opciones de sueño y descanso por el camino, que hay que saber administrar.
 
Mi planificación era la que nos había propuesto de base nuestro compañero Javier Arias, hacer la ruta con mis cinco compañeros del Pakefte (Agustín, Antonio, David, Jaime y el propio Javier), parando a dormir en Louth y Brampton, tanto a la ida como a la vuelta. En esas dos localidades teníamos unas bolsas personales que habíamos entregado previamente a la organización, con ropa limpia, productos de higiene y algo de comida. La verdad es que la organización en general funcionó de maravilla, todo un ejemplo a seguir en otras pruebas de este tipo.

Mis bolsas antes de salir hacia su destino
Los 1.500 ciclistas de todo el mundo inscritos salíamos en grupos de unos 50 cada quince minutos. A nosotros nos tocaba salir a las 10,45 de la mañana del día 30 de julio de 2017.

PRIMER DIA: LOUGHTON-LOUTH (Good vibrations)

A los 15 metros de la salida mi GPS decide, muy inoportunamente, dejar de funcionar. Más tarde, durante una parada, probando y trasteando veo que lo que falla es el E-werk (el transformador) o la batería, porque la dinamo del buje sí que funciona proporcionando energía a las luces y el GPS funciona usando pilas.

Comiendo algo antes de salir de Loughton
El primer día hacemos 245 kilómetros. Llevamos un buen ritmo de origen, acompañados de un suave viento favorable del suroeste. El ambiente es bueno. Yo lo paso genial con las bromas, los comentarios, las anécdotas y los chascarrillos con mis compañeros. Sin duda lo mejor de toda la ruta. No encontramos casi nunca grupos que lleven un ritmo adecuado al diverso potencial de los seis integrantes de nuestro grupo. O son demasiado lentos para unos o demasiado rápidos para otros. Por lo tanto, casi siempre vamos liderando este pelotón, que a su vez lo encabeza nuestro compañero Javier, al que se suelen unir otros ciclistas.

A partir de St. Ives incluso hacemos relevos en paralelo, rotando en el sentido contrario a las agujas del reloj. La sensación que tengo yo de esos relevos es que íbamos más rápido con menos esfuerzo.

Sí que hay un tramo en los canales (el tramo más llano de la ruta) que seguimos a un grupo de vascos que llevan un ritmo muy bueno y constante. Javier ya comienza a dar señales de su fuerza y generosidad, poniéndose delante también en este grupo. 

La tónica meteorológica, que se mantendría también en el resto de días, es de llover de forma intermitente, sobre todo por la tarde y la noche. Generalmente son chubascos cortos que mojan algo, pero te secas al rato. Si bien en la totalidad de la ruta hubo algunas excepciones, con lluvias más fuertes que me dejaron totalmente calado y húmedo.

En cada control había abundante comida (excepto en algún caso de aglomeraciones puntuales de ciclistas) y era posible comer vegetariano, vegano o celiaco. ¡Bravo por la organización!. El mejor control para veganos fue sin duda Spalding, con comida rica, variada y sabrosa, umm.

Hay que decir también que la calidad de las carreteras no era, por norma general, muy buena.  Las carreteras secundarias en el Reino Unido no tienen arcén y son de una calidad regular tirando a mala. Es peor que las que recuerdo en la París-Brest-París, y desde luego mucho peor que las, mayoritariamente, buenas carreteras secundarias que tenemos en España.

Aspecto de uno de los dormitorios
En Louth, kilómetro 245 y donde vamos  a dormir, llegamos con algo de retraso sobre la hora que nos habíamos propuesto. Hay una aglomeración de ciclistas bastante grande y problemas para conseguir algo de cena. Aun así al menos nos asignan una colchoneta donde dormir en un pabellón, junto a aproximadamente otros 50 ciclistas. A decir verdad, yo no tengo sueño, me siento muy activado y capaz de continuar. Tampoco he llegado especialmente cansado. Pero es el plan que nos habíamos propuesto, así que me acuesto, aunque con la mala suerte de que me toca al lado un roncador nato. Es un señor que ronca muy fuerte. Y cuando se despierta por sus propios ronquidos, entonces se dedica a tirarse unos pedos muy sonoros, algo muy habitual entre los ciclistas que no hacen buenas digestiones o que comen demasiada “comida ciclista” (barritas, geles, etc.) durante la ruta. Las tres horas y media que, supuestamente, debería haber dormido no consigo pegar ojo, así que me relajo e intento, al menos, que el cuerpo descanse, para lo que le viene después.

SEGUNDO DÍA: LOUTH-BRAMPTON (I go to sleep)

Salimos a las 4,30 de la mañana, la hora prevista. Salgo muy entonado durante las primeras horas de la mañana.

Humber Bridge
Paro a comprar unas pilas para alimentar al GPS. Luego varios tenemos que orinar. Después paramos para hacer fotos en el impresionante Humber Bridge, en una ría que desemboca al mar. La verdad es que son paradas cortas, pero Javier, que está haciendo las veces de director deportivo del grupo (y bastante bien, por cierto), nos advierte  que hemos hecho seis paradas en los últimos 60 kilómetros, y que son muchas. Consciente de ello, y debido a mi continua necesidad de orinar por la cistitis glandular, lo que hago para no hacer perder tiempo a mis compañeros es adelantarme unos metros pedaleando más rápido, parar a orinar (me pasan mientras estoy orinando) y luego esprintar para cogerles de nuevo. No me resulta demasiado cansado. El entrenamiento de este año ha incluido ese tipo de aceleraciones para no perder a los grupos, y me está siendo útil en estas situaciones.

Salimos de Pocklinton con media hora de retraso sobre el horario que teníamos previsto.

Howard Palace
Pasamos los bonitos entornos de Howard Palace, que nos regala unas subidas cortas aunque bruscas, con mucho desnivel. Matadoras.

Antes de Thirsk me empieza a entrar un bajón. No es cansancio, no es un bajón físico, es sueño. El cuerpo se relaja y no quiere pedalear, está dando la orden de parar porque quiere dormir, pero yo no le dejo. Se me empiezan a cerrar los ojos. Les pido a los compañeros que paremos un momento para comer algo rápido y tomarme algo que me espabile. Pero continúo y no lo remedia. Los compañeros se preocupan por mí, especialmente Agustín, que me llega incluso a empujar en un momento dado (gracias Agus). Le explico que no es cuestión de piernas, que es sueño. Unos kilómetros antes de Thirsk Agustín tira un poco más fuerte, imagino que para llegar antes a este control para estar un rato más con su mujer y sus hijas que están de voluntarias en la prueba. Me voy con él, a ver si metiendo un poco más de intensidad me activo y se me pasa el sueño, como así ocurre. Empiezo a recobrar mis sensaciones al ir más rápido.

Agustín y sus hijas
A la entrada del control están las dos hijas de Agus indicando a los ciclistas por donde entrar a las instalaciones. Es un momento muy especial. Agustín abraza a sus hijas y se emociona. Yo también de verle así. Luego vemos a Gloria, su mujer, es una alegría verla después de tanto tiempo. Ejemplar la generosidad de las tres, como voluntarias durante todos esos días, con lo duro que debe ser también.

De Thirsk salimos con una hora y media de retraso. Me empiezo a preocupar.

En la salida de Thirsk nos confundimos y hacemos unos kilómetros por una carretera equivocada, por lo que tenemos que volver. Esto acumula más retraso. Al regresar a la ruta correcta nos encontramos con Andrés y Susana, de Ciclowork, junto a Andrey, de Chamartín, unos buenos amigos que han salido unas horas más tarde que nosotros de Londres. Susana se queda separada de los otros dos en un semáforo y al abrirse me pongo a tirar para reintegrarla con sus compañeros y, de paso, tirar también de los míos. Cuando cogemos a Andrés miro para atrás y sólo veo a Susana detrás de mí. Los demás no aparecen. Sigo con ellos un rato, esperando ver llegar a mis compañeros, pero nada. En ese momento tengo que tomar una decisión. Voy con retraso, sin haber dormido la primera noche. No me puedo permitir no dormir la segunda noche o dormir poco, porque eso supondría mi abandono seguro al día siguiente. Sé que no puedo aguantar dos noches sin dormir nada y luego hacerme trescientos y pico kilómetros pedaleando. Por lo tanto hago equipo con Andrés, Susana y Andrey, que van a un ritmo más intenso. Tenía miedo que al salir de comer en Thirsk me diera un bajón más fuerte de sueño, pero al ir a un ritmo más vivo que el que llevaba anteriormente, me activo y el sueño desaparece.
 
Con mi maillot del Pakefte y mi cullotte de
la Unión Deportiva Vegetariana
Con energía y ganas llego a Barnard Castle. El comedor del colegio, donde se realiza el control, parece sacado de una escena de Harry Potter, con los techos altos y las paredes decoradas de madera.

Confío en que los compañeros del Pakefte lleguen inmediatamente después de mí, para volver a salir juntos, pero no es así. Cuando ya voy a hacer el check-out (el sellado de salida del control para continuar la ruta), tras 30 minutos de estancia, llegan ellos y les explico la situación, que entienden, así que sigo hacia delante, con la idea de que al día siguiente podamos salir nuevamente todos juntos desde Brampton a las 4,30 de la mañana, eso sí, habiendo dormido un tiempo razonable y recuperándome algo de la insomne noche anterior. 

Ciclista subiendo Yad Moss.
(Foto tomada del FB de la LEL)
Se inicia una larga subida a Yad Moss, que al principio va resguardada de forma intermitente, pero avanzada esta subida me encuentro totalmente expuesto a un viento lateral bastante molesto, que castiga mucho la ascensión. Además a ratos llueve. Aun así disfruto algo de las popularmente conocidas vistas.

Al principio hago equipo con dos chavales de Hong Kong con los que voy pasando relevos de forma muy ordenada. Más adelante nos pasa como una exhalación un Kingston Wheeler (el equipo de mi amigo Javier), al que persigo y le pregunto que si conoce a Javier. No sólo le conoce sino que dice haber hecho muchas rutas con él, por ejemplo parte de la París-Brest-París de 2015. Le indico que yo hice con Javier la PBP de 2011. “Hey, yes, Javier told me about that PBP”, me dice Gavin, que ese es su nombre. Cuando comienza a llover de nuevo, Gavin se marcha otra vez. Lleva un ritmo demasiado fuerte para mí subiendo.

En lo alto de Yad Moss paro para abrigarme algo más, porque la bajada promete ser fría y húmeda. Ahí se me une Daniel, un joven brasileño, y pedaleamos  juntos ya hasta Brampton. Hacemos buenas migas en ese largo tramo y nos acompañamos charlando para que se haga más llevadero. Además me trae buena suerte, porque desde su aparición no vuelve a llover.

Ciclistas durmiendo en cualquier sitio
(Foto tomada del FB de la LEL)
Al llegar a Brampton, pido mi bolsa, ceno, me ducho y pido una plaza para dormir. Dicen que están todas completas. Se me cae el mundo encima, pero me recompongo y les pregunto si hay algún sitio tranquilo donde echarse, aunque sea en el suelo. Me indican un lugar y allá que me voy. No soy el único. Me tiro en un pasillo lleno de gente en posturas imposibles, poniendo como almohada mi bolsa de la ropa sucia. Yo soy muy especial para dormir, pero debido al cansancio y el déficit de sueño que llevo me quedo dormido de inmediato, pese a lo duro que está el suelo. Pongo el móvil para despertarme a las 3,30 y curiosamente me despierto a las 3,28, como un reloj, levantándome de inmediato y quitando la alarma para no despertar a ninguno de los que están a mí alrededor. Eso sí, me duele el hombro que apoyé sobre el suelo duro. Este dolor me acompañará en mayor o menor medida durante toda la ruta.



TERCER DÍA: BRAMPTON-EDINBURGH-BRAMPTON (Tomorrow's just another day)

A las 4 estoy listo para salir. En el whatsapp no me queda claro donde están todos mis compañeros, parece que Jaime, Antonio y Javier están en Alston, pues Jaime ha tenido un problema mecánico y han dormido allí. David y Agustín entiendo que están o han pasado por Brampton y podríamos salir juntos, pero me entretengo en buscarles por los pabellones y no les encuentro. Hago el check-out a las 4,10, aviso por whatsapp que a las 4,30 (hora a la que teníamos previsto ponernos en marcha) me pondré en movimiento, haciendo un poco de tiempo por si aparece alguien, pero nada.

 En el centro, con manillar naranja está mi bicicleta "durmiendo"
 en Brampton (Foto tomada del FB de la LEL)
Mientras estoy esperando esos pocos minutos, a mi lado un chaval se está preparando también para salir. Le miro. Tiene los ojos aún semicerrados, intentando despertarse, mueve la cabeza de un lado a otro, como diciendo “¿Qué hago yo aquí?”, en medio de la noche, con el suelo y las bicis húmedas pues se ve que durante la noche debe haber estado lloviendo. Me mira, sonríe cómplice y me dice: “Another day of madness!” (¡Otro día de locos!). La frase me parece perfecta para lo que estamos a punto de afrontar. Le contesto que yo tampoco sé muy bien que hacemos aquí, pero que ya que hemos venido, tendremos que seguir. Le volveré a encontrar en varios comedores de los controles, saludándonos siempre de manera muy efusiva.

Si bien la salida la hago solo, al poco me uno a otro ciclista, y  a su vez cogemos a otros dos que se unen a nosotros y luego cinco más que nos alcanzan. Hacemos un grupo interesante y  rodamos a buen ritmo pasando relevos (no todos ni con la misma intensidad) hasta Longtown, cuando tengo que parar para orinar. A partir de ahí hago casi todo el recorrido solo, excepto un tramo en el que me uno a un irlandés. Curiosamente el rato que estoy con el irlandés llueve y cuando le dejo ir deja de llover, así que definitivamente así es mejor, porque se ve que es algo gafe con la lluvia ;-)

Parando en una cuesta escocesa para descansar un poco
En el control de Moffat me encuentro con mi amigo Roberto, que había salido unas horas antes que yo en Loughton. Me emocioné mucho al verle. Roberto es una de esas personas que te cae bien a la fuerza, por su forma de ser tan plácida, serena y entrañable. Hace un año y medio nos trató fenomenal a Pilar y a mí al pasar por su casa, en un pueblecito de Ávila, y quedarnos con él dos días durante una ruta cicloturista. Me estuvo hablando de esta prueba mucho y en ese momento estábamos ahí, haciéndola. La lástima es que él volvía a Lockerbie para retirarse, porque no iba bien de tiempo y de sueño. Nos dimos un abrazo al despedirnos. Luego leí en el whatsapp que había estado esperando a propósito mi llegada para vernos. ¡Gracias Roberto, eres todo humanidad!

Al partir de Moffat sale el sol y el viento es favorable; afronto lo que parece ser un puerto de montaña, o al menos una subida larga. En las primeras rampas me encuentro con un español que resulta ser Manolo Burgos, del GDC Pueblo Nuevo, así que hacemos todo el trayecto hasta Edimburgo juntos. Fue un tramo muy grato, se me pasó muy rápido charlando con Manolo. Él parecía algo preocupado porque veía que yo en las subidas iba más rápido, pero le aseguré que no me importaba ir más despacio, porque había que reservar para lo que venía después, así que me vino fenomenal encontrarme con Manolo, que en Edimburgo se quedó esperando a sus compañeros del Pueblo Nuevo, su club. Muchas y sinceras gracias por tu compañía, Manolo.

A mitad de camino de Edimburgo había un avituallamiento secreto, no sé si oficial, en el que daban alguna bebida, dulces caseros, otros no tan caseros y chuches. Además de ánimos. Nos vino muy bien.

Edimburgo, mitad de la prueba
A Edimburgo llegué dentro del horario que me había propuesto, o sea que había recuperado con respecto al día anterior. Pero sabía que entonces empezaba lo más duro. El viento a partir de ese momento iba a ser desfavorable.

El tramo entre Edimburgo y Eskdalemuir es, para mí, el más salvaje y bonito de toda la ruta. No obstante, también es muy duro. Las cuestas pronunciadas se suceden y te van tensando los cuádriceps. Al final de una de ellas me paro y escribo en el whatsapp del Pakefte que pese a haber subido el temible puerto de la Morcuera tantas veces en los entrenamientos, estas cuestas se me están haciendo muy pesadas. Además está el viento, la lluvia (nos cae un aguacero de mucha entidad antes de Innerleithen) y el cansancio acumulados. En esos momentos es cuando empiezo a pensar que tanto entrenamiento ha merecido la pena, pues soy capaz de seguir subiendo con buen ritmo, pese al cansancio.

A Innerleithen llego ciertamente mojado y cansado. No paro mucho porque me quedo frío.

Camino a Eskdalemuir me viene un bajón físico importante. Alcanzo a dos franceses (uno de mi edad y otro más joven) y decido ir a su rueda un rato, a ver si me recupero. El mayor no me debe ver muy animado, porque me pregunta que tal voy. Comenzamos a hablar y, como siempre pasa en estas situaciones, los kilómetros van a así pasando de mejor manera. Hacemos buenas migas hablando de nuestras aventuras randonneurs. Ellos han hecho la PBP de 2015 y yo las de 2011 y 2007, así que compartimos experiencias. Son de Dunkerque y se llaman Thierry y Aurelien. El segundo, el más joven, es un portento pedaleando, me recuerda a Javier Arias. Llegamos juntos a Eskdalemuir. Les pregunto por el tiempo que van a parar. Dicen que unos 20 minutos. Les digo que quizás yo algo más, por lo menos 30, así que es mejor que salgan ellos antes. Thierry me mira y me dice que no, que me esperan. Es increíble cómo puedes conocer a una persona durante sólo un rato y establecer una afectividad tan rápidamente por el hecho de compartir una prueba como ésta. A mi ese gesto de  los dos franceses me llena de cariño hacia ellos. Realmente son dos fantásticas personas: humildes, sociables y solidarios.

Una de las comidas en los controles
Al final espabilo y en 25 minutos estamos en marcha. Me siento mucho mejor después de comer, hasta el punto de que nos ponemos los tres a tirar, según el tramo de que se trate, aunque Aurelien es siempre el más fuerte y el que tira más. Ha dejado de llover, está atardeciendo y la luz y los paisajes son increíbles. Charlando se nos pasa el tiempo muy rápido.

Gracias a Thierry y Aurelien llego incluso antes que el día anterior a Brampton y esta vez sí que tengo colchoneta, consiguiendo dormir 3 horas y media, todo un lujo a estas alturas. Este último “día de locos” no he tenido sueño durante la ruta y pretendo seguir así, en la medida de lo posible, durmiendo lo suficiente y llegando a los controles cuanto antes, para que no me entre el sueño pedaleando.

Por el whatsapp me entero de que los compañeros del Pakefte han tenido varios problemas (algunos de ellos muy serios, como una caída de Andrey, que le obliga a retirarse) y no parece que vayan a llegar a Brampton a dormir. Veo que voy a volver a salir solo al día siguiente.

CUARTO DÍA: BRAMPTON-LOUTH (Singing in the rain)

Un ciclista lleva su dorsal pintado en los gemelos
Este día me levanto por primera vez en la prueba bastante cargado de piernas. Es un triunfo, porque en otras pruebas de este tipo he ido así desde el segundo día. Aquí los síntomas me han aparecido al cuarto. El entrenamiento ha tenido sus frutos.

Me cuesta arrancar, de hecho intento ir con un grupo pero van rápidos para mí y no puedo seguirles en las cuestas, por lo que tengo que ir por mi cuenta, recogiendo algunas personas más lentas que yo que me siguen la rueda cuando pueden. Las fuerzas de la gente ya van muy justas. En general poca gente colabora.

En Alston, paro en una gasolinera con supermercado a comprar algo que me espabile un poco físicamente, porque me toca subir Yad Moss por el lado norte, que tampoco va a ser moco de pavo y el aire está soplando con ganas, totalmente en contra.

El comienzo de Yad Moss es en el mismo pueblo de Alston, una cuesta de un porcentaje alto (debe ser por lo menos un 10%) con adoquines. Allí está Damon Peacock, el famoso documentalista grabándome la subida mientras me voy retorciendo sobre la bici. Procuro sonreír para aparecer lo más digno posible, aunque de ir de un lado al otro de la calzada, para hacer más llevadero el desnivel, me pongo en el lado derecho y Damon me advierte que baja un coche en mi mismo sentido, para que me aparte.

Por suerte en la subida no llueve, pero el viento ralentiza a todos los ciclistas que pasamos a cuentagotas. Ir subiendo y además con viento en contra es una de las mayores contrariedades que te puedes encontrar cuando llevas 900 kilómetros en las piernas. Esta vez sí disfruto algo más de las vistas, aunque creo que la luz no es la mejor. He visto fotos de esta subida con una luz mucho más bonita. La que yo veo es anodina.

Con el maillot de la Londres-Edimburgo-Londres
La bajada promete mucho, pero es una falsa ilusión, una vez más el viento no te transmite la sensación de que estés bajando mucho. Hasta Barnard Castle se me hace muy largo. Hay puertos que parece que sólo sirven para subir. Yad Moss es uno de ellos.

En Barnard Castle leo que los compañeros están en disposición de tirar a bloque para llegar a Pocklington. En ese momento llevo cinco horas de margen, los compañeros llevan una hora fuera de control, o sea que les saco seis horas. No puedo esperarles tanto tiempo. Decido seguir tirando, si bien parando más en los controles, tomándomelo con más calma y administrando mi tiempo, confiando en que nos podamos reencontrar esa noche y podamos hacer ruta juntos, los que lleguen, el último día hasta Loughton. Se irá viendo sobre la marcha.

A la salida de Barnard Castle paro a hacer unas fotos en el Weak Bridge, un puente de madera y un entorno que me han encantado.

Weak Bridge


Weak Bridge
El viento sigue pegando de cara, así que hay que aliarse con otros ciclistas para hacer camino juntos. Eso sí, a la gente le cuesta pasar delante y me veo yo la mayor parte del tiempo tirando de pequeños grupos. Está claro que vamos muy, pero que muy justos. Sobran las palabras, se nota en las ojos, en los gestos y hasta en la forma de pedalear.

En Thirsk paro un buen rato, sobre todo cuando encuentro a Gloria y sus hijas, con las que me quedo un buen rato charlando. Hablamos sobre cómo van los compañeros. Gloria me pregunta cómo voy yo. Me cuentan cómo está siendo su trabajo de voluntarias. En fin, se me pasa el tiempo volando y cuando me quiero dar cuenta llevo ya en el control más de una hora.

Cuando voy a salir veo que están justo saliendo el grupo de Santy Mozos, Diego Villas y sus amigos de Massamagrell (Valencia), así que me uno a ellos. Es un pelotón grande, metido en el grupo se va bien, mientras el viento en contra sigue soplando con ganas. Voy con ellos a buen ritmo, hasta que  uno de ellos pincha la rueda. Me paro también. Al reanudar comienzan las cuestas de pendiente fuerte que recuerdo de la ida. No soy capaz de seguirles. Suben realmente veloces. Excepto cuatro miembros del grupo que van más despacio, a los que me uno para llegar a Pocklington. Estos incluso paran a hacer fotos. ¡Son de los míos!

Howard Palace
Al rato de quedarnos solos los cinco, pasamos a mis amigos franceses, Thierry y Aurelien. Me alegra un montón verles. Es como si les conociera de toda la vida. Les devuelvo el favor del día anterior, diciéndoles que se reintegren al grupo que llevamos, pues entre todos podemos manejar mejor el viento. Vamos juntos hasta Pocklington, relevando, aunque los últimos kilómetros los de Massamagrel tiran más rápido y nos quedamos de nuevo Aurelien, Thierry y yo, haciendo el último tramo juntos.

En Pocklington tengo que decidir si continúo a Louth o si me quedo esperando a los compañeros del Pakefte. Thierry y Aurelien dicen que se quedan a dormir, que esa noche va a llover y la mañana siguiente, sin embargo, no, así que fantaseo con que pueda ir unas horas más tarde con ellos y los que consigan llegar del Pakefte a Pocklinton  (a pesar de que las noticias que van llegando no son buenas en cuanto a que puedan llegar todos). Cuando ya he cenado y tengo que tomar decisiones parece que el único que puede llegar con garantías es Javier Arias, aunque tampoco me queda muy claro. Pero lo cierto es que acaban de llegar todos a Thirsk, de donde yo salí hace casi cinco horas. En ese momento tengo de margen prácticamente ese tiempo, o sea que me quedaría sin margen de error, si les espero. Sé que Javier podrá continuar a un ritmo adecuado para llegar a Londres, porque sé bien de su magnífico estado de forma, pero yo dudo de mi mismo si voy tan justo de tiempo. Ni por asomo estoy al nivel de Javier. También es cierto que el margen entre control y control es amplio y que Javier y yo podemos hacer equipo, así que por fin me decido a quedarme a dormir y esperar a Javier, y alguien más si llega con él, como Agustín o David, que parece que tambíen vienen, si bien no me queda claro por donde. Antonio y Jaime abandonan, en una decisión durísima, pero comprensible. De todos modos mi admiración por lo que han hecho, que ha sido impresionante, pese a las muchas adversidades.

Bicis apiladas en un control
Pregunto si hay camas y me dicen que en ese momento creen que sí (están en un edificio distante unos 150 metros de allí, cruzando una calle y hablan de referencias, no tienen comunicación con ellos), pero no las reservan, te las dan en el momento de irte a dormir. Me voy a duchar de una manera un tanto precaria, porque mi bolsa, con las cosas de aseo y la ropa limpia, está en Louth, el siguiente control. Pido algo de jabón a uno de los de Massamagrell que ya está terminando su ducha, y me vuelvo a poner la misma ropa que he usado durante el día. Pregunto dónde están las camas y me dicen que en ese momento parece que no hay libres, que si espero puede que más tarde haya. Eso es un mazazo importante. No sé qué hacer, estoy como 15 minutos intentando decidir entre irme, esperar o echarme en cualquier rincón. He perdido ya más de hora y media en ese control. Finalmente decido seguir ruta. Son más de las 10 de la noche. No conozco la ruta, está todo ya oscuro. El GPS no me funciona bien, pero confío en hacer grupo con alguien.

Salgo y que sea lo que me depare el destino. Al cabo de 10 minutos comienza a llover. Me paro a ponerme la gorra debajo del casco, para que no me entre el agua en los ojos y las gafas. No viene nadie, estoy más sólo que la una en una carretera perdida de Inglaterra, en medio de la noche oscura. Cuando comienzo a pedalear veo una luz que viene a lo lejos, por detrás. Dejo que me alcance y comienzo a charlar con este hombre. Se llama Ian Haslett, tiene el dorsal AA26 y, sin decidirlo, estamos a punto de hacer juntos un tramo de más de 90 kilómetros, hasta Louth. En esa oscuridad y en esas condiciones se agradece ir con alguien más. Llevamos un ritmo parecido. Los chubascos se suceden uno detrás de otro.

A eso de la 1 de la madrugada cae una lluvia salvaje, como la de Escocia, de estas que te calan por completo y dejan la ropa que llevas puesta chorreando. Hasta Ian que debe estar acostumbrado a la lluvia maldice y él mismo me pide que paremos en un “shelter”, un lugar donde refugiarse en el próximo pueblo.  Está cayendo muy fuerte y en un túnel antes del siguiente pueblo nos paramos. A continuación van llegando otros ciclistas que hacen lo propio. Nadie sigue porque es mucho lo que está cayendo. Es incluso peligroso, pues con la lluvia y la noche  hay momentos que no se distingue entre la carretera y los bordes de ésta. Cuando deja de llover fuerte, salimos, nos hemos quedado bastante fríos.

A eso de las 2 de la madrugada nos comienza a entrar un sueño apremiante. Nos pasa a los dos, lo vamos comentando, porque hacemos cosas raras. A mí me preocupa especialmente porque noto que se quieren cerrar los ojos mientras estoy pedaleando, incluso cuando voy bajando. Meter intensidad no es la solución, porque a estas alturas del día no hay fuerzas para ello. En algún momento incluso tengo alucinaciones visuales, como sombras de gente que corren al borde de la carretera o las gotas de lluvia que pasan por delante del faro de Ian, que me parecen manos que intentan sujetarle el manillar.

Cantando Brown girl in the rain
En un momento dado que coincidimos con cuatro ciclistas que van juntos (dos chicos y dos chicas), estos se ponen a cantar canciones de Boney M, para burlar también el sueño. No somos los únicos que vamos soñolientos. Es un momento muy chistoso, porque cantamos todos con poco espíritu, pero ahí estamos seis ciclistas en medio de la campiña inglesa, de madrugada, pedaleando bajo una entonces fina lluvia y cantando el “Brown girl in the ring”, al ritmo de nuestras pedaladas.

También me ocurre que, con el sueño, pierdo cierta capacidad de estabilidad, la bici se me va para los lados y tengo que sujetar fuerte el manillar, es como si el sueño me hiciera perder el equilibrio izquierda-derecha. Le llego a preguntar a Ian si sabe de alguna estación de tren en el camino a Louth, porque voy tan asustado que pienso que lo único cabal es abandonar y coger por la mañana el primer tren a Londres. Pero Ian me dice que no, que la única manera es avanzar a Louth juntos, pero que cuando descanse veré las cosas de otra manera, que llevo margen suficiente.

Probamos todo para evitar el sueño. Regaliz, cafeína... No nos sirve. Cruzamos el puente sobre el río Humber, un puente de más de dos kilómetros con un carril-bici, de noche, con una sensación muy diferente a cuando lo crucé de día sólo dos jornadas antes (parece que fue hace una semana). Algunos ciclistas paran a hacer fotos. Ian y yo la verdad es que no tenemos ganas de fotos. Queremos llegar cuanto antes para acostarnos lo más pronto posible, aunque aún nos quedan un par de horas para el control de Louth.

La parada de autobús de Binbrook sacada de Google
Son alrededor de las 4 de la mañana, estamos en Back Lane, una calle de un pueblo llamado Binbrook, en el kilómetro 1.169 de la ruta, a tan sólo unos 15 kilómetros de Louth. El sueño nos puede, y tenemos que tumbarnos en esta parada de autobús techada, lo que los Audax del Reino Unido llaman un “First Class Hotel Randonneur”.

Uso por primera vez la manta térmica que he paseado durante toda la ruta, tapándome por entero con ella, usando el casco de almohada. Sólo recuerdo echarme y dormirme, nada más. Ian me despierta al cabo de un rato (no sé en ese momento cuanto tiempo ha pasado, aunque días más tarde descubro en Strava que fueron 25 minutos) diciéndome que está tiritando, pues él no tiene manta térmica (a mí me ha funcionado fenomenalmente) y estamos calados hasta los huesos por la lluvia que cayó antes. Por lo tanto, seguimos para que, con el pedaleo, se nos pase el frío.

Foto con Ian Haslett en Loughton
A las 5,20, ya totalmente amanecido, llegamos a Louth. Ian y yo nos abrazamos y agradecemos mutuamente la compañía y la ayuda. Le volveré a ver a la mañana siguiente y en la meta de Loughton, donde me hice esta foto con él. Muchas gracias Ian.

Duermo profundamente algo más de una hora, pero me sabe a gloria. Ya ni me pongo tapones para los oídos. No me hacen falta. Me ponen en una colchoneta que está al lado de una puerta, que golpea cada vez que alguien entra o sale, pero yo, pese a ser tan delicado con el sueño, estoy tan cansado que no me entero de nada. 

QUINTO DÍA: LOUTH-LOUGHTON (Against the wind)

Salgo con energía, pero intento rápidamente hacer grupo con alguien, porque la previsión es de un día muy ventoso, como así es desde el principio. Nos dicen los volunarios que habrá vientos de 36 km/h, con ráfagas de 60 km/h.

Me uno a dos irlandeses a los que rápidamente demuestro que no estoy ahí para chupar rueda, sino para dar relevos como el que más. Ellos lo agradecen y hacemos camino. Más adelante se nos van uniendo más personas, por lo que vamos haciendo un grupo de unas seis o siete unidades. Los irlandeses y yo vamos pidiendo a todo el mundo que pase y nos salen unos relevos bastante efectivos. Hasta que los irlandeses y varios ingleses deciden parar en Langrick Bridge. Yo continúo, ya casi todo el tiempo solo hasta Spalding.

En la carretera B1192, poco antes de cruzar la línea férrea en Hubberts Bridge, grabo este vídeo del viento que está en esos momentos azotando en contra o lateral, según tuerce la carretera.



La relación esfuerzo-avance es pobre, debido al intenso viento. Siendo el último día, el cuerpo está muy resentido y este viento no ayuda, pero, habiendo llegado hasta aquí, no me planteo abandonar. Llevar cierto margen me da seguridad. Si fuera justo de tiempo y tuviera que luchar contra este viento para avanzar y llegar a tiempo sería inhumano e irracional.

Me entero que Agustín ha abandonado por avería mecánica. Qué mala suerte. Estoy convencido de que si no hubiera sido por eso Agustín hubiera llegado, ha demostrado en otras ocasiones el tesón que tiene. Sólo quedamos Javier, David (que va detrás de Javier) y yo.

Una de las paradas buscando pilas para el GPS
Voy parando en todas las tiendas en las que creo que me pueden vender pilas para mi GPS, pues se están agotando y el día, y la noche, aún van a ser muy largos. Increíblemente no hay alcalinas de tipo AA. O es que no se usan en esta zona o es que los que van delante de mí han arramblado con ellas. Esto me hace perder mucho tiempo, pero es una necesidad imperiosa. Echo de menos  que el GPS funcione con la dinamo, como ha hecho siempre antes de averiarse nada más empezar la LEL.

Disgustado, en Spalding voy decidido a averiguar en el control dónde puedo encontrar unas pilas, aunque sea desviándome de la ruta a buscarlas, porque no puedo afrontar el resto de la ruta sin ellas. Al consultar a los voluntarios me preguntan cuántas pilas necesito y me las dan gratis. Un gesto más de esta increíble organización.

Como vegetariano, en Spalding tenía el recuerdo de haber comido muy bien a la ida. Una vez más es así, me aprovisiono bien y salgo dispuesto a luchar contra el viento, pues vienen las zonas más desprotegidas, las de carreteras que van junto a los canales.

En seguida me percato de que el viento es aún más violento que antes y en un momento dado me veo pedaleando a una velocidad de entre 7 y 10 km/h en un tramo totalmente llano, al lado del canal con todo metido (plato pequeño y piñón grande, como si fuera un puerto). Es una zona plenamente expuesta, sin casas, árboles o arbustos. Podría ir más rápido, pero me viene a la memoria lo que me dijo Fran Vacas, el que ha sido mi entrenador durante este año, que contra el viento no se puede luchar, sólo pedalear a tu ritmo y dejar que él nos marque la velocidad, reservando la energía. Sigo esas sabias palabras, porque estoy viendo ciclistos en el camino, exhaustos, que intentan ir más rápido, quizás porque van mal de tiempo, y que acaban destrozados, tumbados a la orilla del camino intentando recuperar el resuello. Yo voy despacio, pero uniforme. Para mi desgracia no hay ningún grupo grande al que unirme. Los dos únicos grupos que me pasan lo hacen en momentos en los que el viento es lateral y no ayuda llevar alguien delante, así que me pasan, continúan (van más rápidos que yo) y  no puedo seguirles.

Foto que me tomó Charlotte Beath en Hemingby, 
al pasar al lado de su casa
Es muy frustrante, porque las piernas y el cuerpo van ya muy cansados y además el viento te obliga a sujetar fuerte el manillar y poner posturas forzadas para no irte a la izquierda (a la cuneta) o a la derecha (contra los coches que pasan, y además cerca y rápido), lo que a la postre me genera un dolor lumbar derecho y en el brazo izquierdo, de los que aún me estoy reponiendo tres semanas después.

Llego a St. Ives a las 17,50. Recapitulo. Me quedan 120 kilómetros y tengo 14 horas para hacerlo, con cuatro horas de margen, según la organización. Miro el whatsapp y veo que Javier ha pasado dos horas y media después que yo por Spalding. Por lo tanto, ahora sí, lo veo más claro y, aunque tengo ímpetu y piernas para seguir, decido esperarle para ir juntos los últimos kilómetros. Me tumbo a dormir una hora y cuarto y al levantarme allí está cenando Javier junto con Gavin, el Kingston Wheeler con el que subí un tramo de Yad Moss.

Es una alegría estar con Javier de nuevo, pero una tristeza que venga él solo. Han sido de auténtica mala suerte los sucesos que se han ido sucediendo entre los compañeros, averías, lesiones, el accidente de Andrey, etc.

Tengo que decir que los primeros momentos y kilómetros al salir de St. Ives veo a Javier un poco extraño, como desorientado y con dificultad para recordar y decir cosas. Está claro que debe llevar un palizón importante en el cuerpo, pero la suerte ahora nos acompaña y el viento dirección a Cambridge es favorable, además de ser un tramo llano por una vía ciclista paralela a una especie de plataforma exclusiva para autobús, sin tráfico alguno. Javier se va entonando mientras me cuenta todo lo acontecido con los compañeros del Pakefte estos días.

El paso por Cambridge es mágico, ya de noche, con sus luces, sus edificios antiguos y sus calles llenas de vida. Frente al King’s College, Damon Peacock nos hace una foto o un vídeo a Javier y a mí.

Javier demuestra, una vez más, ser un portento ciclista. Aunque me ofrezco a tirar de él (presuponiendo que él ha venido más rápido y más kilómetros ese día y estará más cansado), sin embargo me dice que no hace falta y vamos paralelos y a buen ritmo hasta prácticamente Great Easton, donde paramos 40 minutos y veo a Aurelien, que ha dejado a Thierry ya durmiendo. Al parecer han visto mi bicicleta en St. Ives y me han pasado cuando estaba durmiendo. Ellos van a parar ahí a dormir un par de horas y luego continuarán. Yo no me lo planteo, tengo ganas de llegar cuanto antes al hotel.  Pero parece que, una vez más, estos chicos de Dunkerque saben lo que se hacen, porque el tramo desde Great Easton hasta Loughton se me hace largo, muy largo. Me vuelve a entrar el sueño y me pasa lo mismo que ya me pasó en la PBP de 2007 y algo en la de 2011, que me cuesta mantener una línea recta, por lo que cuando vamos con un grupo de gente nadie se quiere poner junto a mi, porque con certeza es incómodo e inseguro ir a mi lado. Incluso un inglés me lo dice, que estoy haciendo eses, que mantenga la línea recta. Esto me hace replantearme muchas cosas para el futuro, la verdad. El tema del sueño en estas rutas tan largas es algo que no consigo superar y pausas para dormir como la del día anterior en la parada de autobús o la de hoy en St. Ives no han sido suficientes.

Con Javier Arias un rato después de la llegada
Pero vamos haciendo camino y gracias a Javier, que ya va claramente mejor que yo y me hace hablar de vez en cuando para que no me duerma, a las 4 de la mañana llegamos a Loughton, con casi cuatro horas de margen. De nuevo Javier y yo acabamos juntos una super randonneur, tras la PBP de 2011.

Es una lástima no ser consciente en ese momento de lo que acabas de hacer. Estás demasiado cansado, hambriento, soñoliento… como para disfrutarlo plenamente. Eso vendrá después.

Entrego mi acreditación, recojo la medalla, como algo, recojo mis bolsas de los controles, que ya están (eficientemente preparadas) listas para llevármelas, me despido de Javier con un fuerte abrazo y hago los ocho kilómetros en bici hasta el hotel. Me descubro haciéndolos muy despacio, sabiendo que ya no hay controles, ni tiempos. Sólo avanzar lentamente hasta llegar al hotel, ducharte, dormirte y no levantarte en un buen número de horas.

David llega unos minutos tarde al control de Loughton, pero llega. Intentará hacer la gestión de que le homologuen por el tiempo perdido socorriendo a Andrey. Tremendo lo de David también. Y lo de los demás. Orgulloso del Pakefte.

Quiero agradecer a mis compañeros del Pakefte: Agustín, Antonio, David, Jaime y Javier por su compañía y apoyo. A Antonio doble agradecimiento por donarme la horquilla de su bici antigua cuando se me rompió la de la mía dos semanas antes de la LEL (y a Pepe, de Slow Traffic, por montarla rápidamente). Al resto de compañeros del Pakefte por los ánimos y frases inspiradoras durante el seguimiento, desde la distancia, de la prueba, sobre todo a Jose Antonio y el resto de colaboradores por el segumiento tan exhaustivo que nos hicieron desde el blog (https://pakefte.blogspot.com.es/2017/07/nuestra-participacion-en-la-lel2017.html). A los organizadores y voluntarios de esta magnífica prueba. A mi entrenador Fran Vacas, por una magnífica labor que me ha llevado a acabarla. A los demás compañeros en ruta, principalmente Thierry y Aurelien, Ian, Daniel, Manolo Burgos, Santy, Diego y los chicos de Massamagrell; y a Andrés, Susana y Andrey. Gracias a mi familia por el apoyo sin fisuras, tanto durante la prueba como en los malos momentos que he pasado en los últimos tiempos, y a Pilar, mi inseparable y adorable pareja. ¡Esta medalla es de todos vosotros!